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El lado B de la bioquímica
tuve en su barco todo el día hablando de mi ber hecho muchas cosas más si hubiera
proyecto y el suyo. Admirable biólogo. Su habido equipamiento en el lugar de trabajo,
pequeña nave-Calypso- tenía ya imágenes pero nos adaptamos a lo que había).
satelitales y helicóptero. Fue un día inolvida-
ble con un genio. Él, por radio, nos avisaba Estudié la microscopía electrónica de la
por donde esquivar los témpanos para lle- glándula en los tres lotes de animales es-
gar a Base Esperanza (el Bahía Aguirre y la tudiados y las enzimas de la vía desde el
Armada no contaban con esa tecnología). triptofano hasta la melatonina. Las muestras
congeladas recién fueron procesadas de
Trabajé con Pygoscelis adeliae (mal llama- vuelta en Bs. As. en el Instituto de Biología
dos pingüinos), al aire libre, un lote con su y Medicina Experimental donde Leloir me
cabeza descubierta, otro con una capucha prestaba su tecnología (aún no era Nobel).
de carpa total cubriendo ojos, y un terce- Para el regreso último recibí hielo seco que
ro con capucha pero con los ojos expues- me enviaron en Hércules hasta Marambio y
tos (las capuchas de carpa las cosieron a en avioneta hasta el glaciar cercano a la Base.
mano mi esposa y mi madre). Fue muy di-
fícil el desarrollo de cada uno de los ensa- Otro tema por aquellos tiempos era publi-
yos para determinar que la luz (iluminación car: enviabas a revistas (por correo común)
permanente en verano) no permite ciclar la y tardaban meses en ser revisadas por los
producción de melatonina y por lo tanto, no referatos y marcar algún detalle lingüístico o
comandaría el ritmo circadiano fisiológico. pedirte agregar datos. Se corregía y se vol-
vía a enviar, al final un trabajo podría tardar
No teníamos resultados a medida que largos meses en salir a la luz. Mientras tan-
avanzaba la investigación, sólo era congelar to, los que trabajaban en ese tema, podían
muestras, fijar preparados para microsco- conseguir la información de lo que hacían
pía electrónica y esperar llegar al continen- los sudamericanos y se prestaba mucho
te. Como comenté, en Mendoza teníamos a la copia desleal. Eso le pasó a algunos
contador de centelleo líquido Beta, ni pen- argentinos brillantes que conocí donde sus
sar en tenerlo en Antártida (podríamos ha- investigaciones no llegaron a publicarse, y
5454 INFORME ALAC / Año XXIX / Noviembre 2024

